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martes, abril 06, 2004
La Flor del retorno añorado
Aquella voz, desde la incertidumbre de saberla real o soñada, había resultado seductora; pero la imagen que tenía en este momento ante mí, embelesaba.
Largo tiempo pasé conversando con esa criatura, su belleza de rosa negra se erguía sobre un ser multicolor con tres pimpollos dorados. Ofrecían en conjunto la ternura de las lágrimas, como una llovizna de verano que nos tienta a empaparnos paulatinamente. A pesar de su dulce arrullo, no se la veía feliz, estaba atada a un suelo que no amaba, sentía que los minerales que la nutrían no eran los suyos y que el agua que corría entre sus raíces la dejaba insatisfecha. La soledad, habrá sido quizás la causante de la catarata de palabras que derramó sobre mí. Me contó de su destierro, de las carencias angustiosas del pasado y de la opulencia solitaria del presente. Me habló de la aridez de un suelo que yo conocía pero que mis ojos no habían podido ver tan claramente como sus palabras mostraban. La tristeza con que describía su nueva tierra se transformaba en pasión cuando recordaba los Jardines de Lela. Ese lugar donde había desplegado sus negros pétalos por primera vez, donde era acariciada con la ternura de la pertenencia, allí donde los dorados rizos de Belu, su brote mas brillante, habían comenzado a florecer. Hacía un rato que las vírgenes se habían acercado, primero tímidamente luego ya acomodadas como si siempre hubieran pertenecido al lugar, se sumergieron en un intercambio de encantos con los retoños de la cautivante flor. La Señora del cofre había ocupado el asiento principal y yo a este punto me había resignado a observar (sabido es que cuando dos especies del género femenino desarrollan una larga conversación, poco espacio queda para el resto). Las palabras corrían de un lado a otro con la misma agilidad que mostraban los juegos de las vírgenes con los dorados seres. El mágico encuentro había logrado por un rato hacerme olvidar de la muralla de agua que tenía delante y todavía no sabía como habría de ser sorteada, este simple recuerdo me devolvió la incertidumbre; mi mirada perdida cayó sobre ella que la reflejó con una cálida comprensión. La Flor del retorno añorado, nos dijo que había una vía de escape a esa encrucijada, pero que ella no la conocía. Nos contó que otros caminantes, alguna vez, habían mencionado a un personaje misterioso que solía ofrecer respuestas, cuya morada se encontraba enclavada en la montaña de la desesperanza. El camino hacia éste nuevo rumbo no sería corto, de modo que decidimos permanecer con nuestros amables anfitriones viendo como el negro avanzaba impiadosamente sobre el púrpura de un día en retirada que se hundía en el mar. Escrito por Faivel 11:25 p. m. #
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